Газета русской общины в Коста-Рике - Periódico de la comunidad rusa en Costa Rica

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вторник, 6 марта 2012 г.

GAZETA # 42. Febrero 2012. Artículo 9. EN EL RETÉN DE LOS INDÍGENAS


El 1 de febrero Masha Ramírez Kirushenko así como sus 400 compañeros de “Herbalife” salieron rumbo a Panamá en varios buses para participar en una gran reunión.  Lograron llegar a su destino sólo después de dos días, tarde y de noche.  Perdieron dos jornadas tratando de abrirse paso a través de las barricadas que los indígenas panameños desplegaron en todos los caminos.

“Apenas habíamos cruzado la frontera y avanzado unos cuantos kilómetros, y no pudimos seguir.  Desde el día anterior, los indígenas habían bloqueado los caminos en señal de protesta.  Los camioneros los apoyaron y pusieron sus furgones atravesados en la carretera” – contó Masha.

Después de haber perdido la esperanza de llegar a un acuerdo con el gobierno, los indígenas de la tribu Ngöbe-Buglé decidieron recurrir a medidas extremas.  Vestidos con sus trajes típicos multicolores, con piedras y palos en las manos, se colocaron amenazantes contra el paso de carros, listos de poner el pecho para defender sus tierras natales.


“El gobierno de Panamá eliminó un artículo en la ley, el cual fijaba un régimen especial para la protección de los recursos naturales en el territorio de la comarca poblada por los indígenas.  Estas tierras se vendieron a empresas privadas para la explotación de minas de cobre y la construcción de una estación hidroeléctrica.  Con esto, a los habitantes legítimos que han ocupado estas tierras por siglos y milenios, les ofrecieron… sencillamente irse para fuera!” – así explicó Masha la situación que se presentó.

El paso por la carretera se interrumpió y los pasajeros tuvieron que pasar la noche en el bus.  “Estábamos muy incómodos, hacía mucho calor, el aire estaba sofocante, algunas personas se acostaron en el piso”.  En la mañana siguiente la situación no cambió.  Entre la multitud internacional, donde había costarricenses, panameños, salvadoreños, guatemaltecos y gente de otras nacionalidades, algunos encendieron fogatas y comenzaron a cocinar arroz y frijoles, y Masha con sus amigos fueron a buscar civilización.  A 4 kilómetros encontraron una pequeña población con un “restaurante” local.  “Comimos allá un desayuno con mucha grasa y sal. Ya que no había de otra”.  La familia que administraba el restaurante les ofreció gratis a los viajeros el servicio sanitario, agua y más tarde, la ducha en su propia casa.  El clima estaba muy caliente.  A la par del restaurante, como de costumbre, había un minisúper.  “Pronto  se bebieron todas las bebidas, y en los estantes no quedó ni una sola botella!”  Para esta hora la televisión de Costa Rica ya había informado sobre los acontecimientos en Panamá, y los padres de familia comenzaron a preocuparse.  “Por dicha yo tenía un celular de la empresa “Claro” – contó Masha – y pude comunicarme con San José por lo que  tranquilicé a mi mamá.  Pero los que tenían teléfonos del ICE se quedaron sin señal”.  Después del almuerzo comenzaron a discutir qué hacer en adelante.  De los de Herbalife, ninguno quería regresar a casa, ya que tenían mucho deseo de participar en la capacitación de tres días donde tenían que reunirse ¡10 mil distribuidores de toda la América Central!  El ir a Panamá, con todo el transporte pago, fue un privilegio que no todos los agentes habían obtenido.  Pero los choferes de los buses, lamentablemente, no querían participar en esa aventura y se fueron de regreso a Costa Rica.

“Había muchísima gente en la carretera, algunos regresaban, pero la mayoría se quedó esperando que el conflicto se resolviera pronto.  Comenzaron a aparecer carros y buses locales.  Negociamos el traslado con un conductor que tenía un microbús de 17 asientos, para que nos llevase, en dos viajes, a la ciudad de David por un desvío, ya que allá había un aeropuerto”.  Pero la alegría de los viajeros resultó prematura: aún en la calle de lastre había bloqueos.  ¿Acaso no podrían salir de eso?  “Entre nosotros había una mujer costarricense, de tez morena, con apariencia indígena, además se puso una blusa de colores – contó Masha. – Se armó de valor y fue a negociar con el jefe.  De alguna manera logró convencerlo de que no éramos comerciantes y que no queríamos comprar ni vender nada, solamente participar en un curso.  El jefe le creyó y hasta la invitó un vasito de chicha.  Aunque tenía sabor horrible, la mujer sonreía con valentía y le agradecía.  Así que aquel hizo una excepción y nos dejaron pasar.  “Buen viaje!” – gritaron los indígenas agitando sus brazos.  Después permitieron pasar también al segundo grupo de nuestra gente.”

En el aeropuerto de David se amontonaron casi setecientos personas y se escucharon hablar en todos los idiomas.  Tuvieron que esperar varias horas y al fin el grupo se montó en un avión – que también pagó Herbalife – y pronto llegó a la capital, la ciudad de Panamá.  Ya era la 1 de la mañana.  “Caímos en las camas con hambre pero ni pensábamos en comer.  A pesar de todo, lo logramos y pudimos participar en el curso, aunque llegamos un día tarde”.


El regreso tampoco fue fácil.  Al regresar a David, tuvieron que pagar de sus bolsillos el resto del recorrido y solo en la frontera pudieron abordar los buses que Herbalife había pagado para toda la ruta.  Como resultado, el viaje que habían planeado para cuatro días, se prolongó para toda una semana.

Centenas de turistas costarricenses que estaban en Panamá cayeron en una situación aún más desagradable.  Los que al fin llegaron a casa al cabo de varios días, contaron que pasaron sin comer ni beber nada durante cuatro días, y algunos ni lograron salir ya que los indígenas los capturaron y llevaron como rehenes al bosque.  La Presidenta de Costa Rica Laura Chinchilla ordenó enviar un avión especial de la Cruz Roja a David, y poco a poco trajeron a todos los costarricenses.

Los acontecimientos en Panamá continuaron durante varios días más.  Las fuerzas de policía panameña enfrentaron a los indígenas y lanzaron gases lacrimógenos, hubo mucha gente herida y hasta tres muertos.  Hasta el día 7 de febrero ambas partes se sentaron al fin a una mesa de negociación.  El gobierno prometió volver a discutir en el parlamento el controversial artículo de la ley.     La Nación

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