Газета русской общины в Коста-Рике - Periódico de la comunidad rusa en Costa Rica

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среда, 21 мая 2014 г.

GAZETA 68. Mayo 2014. Artículo 4. PERSONAJE DEL MES. Dilbar – siempre adelante


Dilbar Usmánova desde niña fue líder. Al principio, de su grupo escolar, luego en el colegio y en la universidad, después lo fue en su familia y más adelante, líder sindical ¡y de todos los scouts de Costa Rica!  Y siempre sigue siendo una mujer linda, dulce y cariñosa.

Mi vieja amiga Dilbar vive en la ciudad de Grecia, a 45 kilómetros de la capital.  Allá todo está cerca: su lugar de trabajo, las tiendas, los amigos y familiares.  Tiene una linda casa de cinco dormitorios, un esposo amado e hijos, un nieto, su diligente mamá viejita, dos perros y un gato.  Nos atendieron al mejor estilo ruso, con arepas y pasteles, natilla, mermelada y una copita de vino “por el Día de la Victoria”.

-  Dilbar, en el mitin dedicado al Día de la Victoria enseñaste los órdenes y medallas de tu padre.

-  Sí, de mi familia dos personas participaron en la Gran Guerra Patria.  El abuelo, Fedor Ivanovich Merkulov, no tuvo buena suerte, fue un sargento y pereció en la batalla en el año 1944 en el Istmo de Carelia Finés.  Y mi padre fue a la guerra en 1943 siendo muy joven ya que tenía apenas 16 años, pero mintió y dijo que tenía 18.  Así entró en el Segundo Frente Ucraniano, luchando por librar a Ucrania y Polonia de los nazi-fascistas y por la toma de Königsberg, así llegó hasta Berlín.  En la guerra, fue chofer manejando el carro del comandante del regimiento.  Después de una herida se recuperó y siguió unos cuantos años más en el servicio del Ejército Rojo en Ucrania del Oeste, limpiando Lvov de los banderovtsi.  Por sus méritos en combate, mi padre fue premiado con dos preseas: la “Orden de la Guerra Patria” y la “Orden de Gloria” y con 21 medallas de los cuales él consideraba de más valor la de “Por la Victoria sobre Alemania Fascista” y “por la Toma de Königsberg”.  Después de la guerra vivió muchos años más y falleció aquí, en Costa Rica.  En 1995 le otorgaron otra medalla más, “Por el 50° Aniversario de la Victoria”, entregada en la Embajada de Rusia.  Recuerdo que nos invitaron a todos a la ceremonia solemne y hasta enviaron una buseta para transportar nuestra gran familia.

Desde niña recuerdo los relatos de mi padre sobre los banderovtsi, temidos más que a los alemanes.  Una vez esos guerrilleros tomaron preso un comandante de compañía herido y lo crucificaron como a Cristo.  Y si atrapaban a los oficiales, los mataban y desmembraban, colgando sus partes en los árboles en el bosque.  Cuando hace poco empezaron los desórdenes en Ucrania, recordé estos relatos.  Parece que esta gente nunca cambia…

-  Dilya, su padre fue Tayiko…

-  Sí, como muchas personas de la Unión Soviética, soy una mezcla de diferentes nacionalidades.  Mi mamá es rusa, se llama Galina Fedorovna, y mi papá es tayiko, se llamaba Sharof Usmánov.  Nací en Tayikistán, en la ciudad de Penyikent, metrópoli muy antigua que fue fundada en el siglo 8.  Tengo dos hermanos mayores: Irina y Vladimir; de los tres, sólo a mí me dieron el nombre tayiko porque me parezco más a papá  que los otros.

-  ¿Y cómo resultó en Costa Rica?

-  Bueno, primero tengo que contar cómo llegué a Moscú.  Siempre fui una estudiante excelente, me gustaba hacer trabajo social, fui secretaria de la organización de KOMSOMOL (Partido Juvenil Comunista).  Tuve muy buen ejemplo: mi padre fue un comunista convencido y activista del sindicato, toda la vida luchaba por la justicia y contra la corrupción.  Después de graduarme del colegio participé en un concurso en el que a los ganadores se les otorgaban becas para ir a estudiar a otras ciudades del país  para obtener especialidades que no se impartían en las instituciones educativas locales.  Escogí la Universidad Pedagógica de Moscú V.I. Lenin en la especialidad de enseñanza especial.  Hice los exámenes de admisión en mi ciudad, obtuve notas excelentes, gané el concurso contra  tres personas que también pretendían un cupo y pude entrar a la universidad.  Fue en 1979.  Y en el primer año de mis estudios conocí a Carlos quien para ese entonces ya estaba en tercer año en la Universidad de Amistad de los Pueblos.  En la nuestra, donde casi solo había mujeres estudiando, vivía en una residencia estudiantil en el 8° piso, compartiendo habitación con dos cubanas.  Un día invitaron a sus amigos latinoamericanos.  En aquel entonces, yo era muy delgadita de pelo largo.  Carlos me vio y al principio pensó que era peruana o mexicana y me habló en español, y le contesté: “Ya ne ponimayu” (No entiendo).  Y le expliqué que era de Tayikistán.  Inmediatamente Carlos se enamoró de mí y dijo: “Esa es mi esposa”.  Y hasta ahora tenemos la misma relación como el primer día.  Mañana será nuestro 32° aniversario de bodas.  En el año 1983 nació nuestra primera hija, Lolita. “¿Se llama Dolores?” – me preguntaban los amigos. – No, es simplemente Lolita”.  Siempre me gustó este nombre.  Carlos terminó sus estudios y yo me quedé a seguir estudiando, llevé el bebé con mi mamá y cada medio año iba a visitarla.  Cuando me gradué de la universidad, me vine con ella a Costa Rica, en diciembre de 1986.

-  ¿Fue difícil instalarse al principio en otro país?

-  No, comencé a trabajar casi inmediatamente, apenas me vine.  Al principio vivíamos con mi suegra, aquí mismo, en Grecia, ya que mi esposo es de aquí.  Sus familiares nos trataban muy bien y todos los vecinos venían a ver a “la esposa rusa”.  En aquellos tiempos la gente no sabía nada de Rusia, y mucho menos de Tayikistán.  Recuerdo que un pequeño chico, un sobrinito de Carlos, me defendía diciendo: “¡Es rusa, pero es muy buena! No come chiquitos!”  Es que antes en las películas norteamericanas, siguiendo la política de la guerra fría, se mostraba que las personas rusas comían niños.  Y un pulpero de la vecindad, me preguntaba cómo comía yo: con un tenedor o con las manos.  “Comemos con tenedores, cucharas y cuchillos” – le explicaba.

En aquellos años, en Costa Rica no había maestros de enseñanza especial, por eso el Ministerio de Educación de una vez me dio trabajo.  Nuestra especialización tiene una parte importante de medicina, nos preparaban para trabajar con niños que padecían retraso mental y con diferentes desórdenes del habla.  Mi primer empleo fue en la escuela del MEP en la ciudad de Naranjo, y me dieron la tarea de trabajar con niños sordomudos.  Les enseñaba a emitir sonidos de habla y entender palabras por los movimientos de labios, y ellos me enseñaban a hablar con señas, porque yo no manejaba este método.  Al principio las amigas rusas que eran mis colegas, me ayudaban mucho con sus consejos.  Raya Bikkazákova me explicaba cómo enseñar correctamente la articulación de algunos sonidos de la lengua española.  En aquellos años ella vivía en San Ramón, cerca de Grecia, y yo le ayudaba a cuidar su pequeño hijo Andrey Amador, convertido ahora en un famoso ciclista, quien en aquel entonces tenía apenas un mes de nacido.  Al principio, yo no sabía nada en idioma español y los primeros días Carlos me acompañaba para ayudarme y traducir, pero después una compañera, una educadora llamada Soledad, dijo que me enseñaría y de verdad, comenzó -con gran paciencia- a enseñarme a hablar el idioma.  Al final del año, todos llegaron a quererme mucho, ¡hasta me hicieron una fiesta con mariachis!  Después trabajé tres años en una escuela especial en Grecia, pero allí tenía roces con la directora ya que ella estaba en contra de que yo, extranjera, enseñase a los niños costarricenses cómo hablar correctamente español.  No podía entender que el desarrollo de habla no depende del idioma sino de otros problemas neurológicos del niño.  Pero era inútil explicarle algo porque en realidad, estaba celosa ya que los padres de familia no la querían y a mí sí.  Por lo mismo, apenas tuve la propiedad, obtuve nombramiento en el Hospital Nacional de los Niños, en San José, aunque era muy lejos de la casa y viajaba todos los días en el bus.  En el Hospital, en el 5° piso, hay una escuelita especial e impartía clases en la cama del niño enfermo.  Allá tuve una gran variedad de casos y en tres años, obtuve una experiencia pedagógica invaluable.  Hasta me tocó ser “mamá canguro”, andar con niños prematuros en brazos para que sientan el contacto con el ser humano y comiencen a desarrollar sus órganos de sentidos.  A los niños más grandes, les tocaba el piano y ellos cantaban y bailaban, ¡allá me tocó de todo!  Después mi amor, Carlos, a pesar del todo, logró que me nombrasen a trabajar cerca de la casa.  Por pura casualidad supo que en la municipalidad de Grecia, se encontraba un documento firmado por mi antigua directora, con la petición de no nombrarme nunca para trabajar en esta ciudad.  ¡Estaba tan indignado!  Hizo una copia de este documento y presentó una queja ante la Sala Constitucional, la que reconoció mis derechos, e inmediatamente abrieron una plaza especial de terapeuta de lenguaje en la escuela Alfredo Gómez Zamora, sólo para mí.  Desde aquel entonces sigo trabajando allí, ya llevo 20 años.  A diferencia de otros terapeutas, no sólo doy clases individuales, sino también en grupos de 2 o 3 niños, a quienes junto dependiendo de su problema.  Entre mis alumnos hay muchos que padecen retraso en el desarrollo de habla debido a su retraso mental, autismo o síndrome de Asperger, muchos tienen dislalia (desorden de articulación) o problemas de la voz y disfemia.  Ahora tengo 65 estudiantes, además algunos que no obtienen cupo, están en lista de espera.  Y por el programa de estimulación temprana, también trabajo con niños de 3 años.

-  Dilya, háblanos de tu trabajo con los scouts.

-  Ah, también es una gran parte de mis actividades.  Desde mis años de estudiante trabajaba en vacaciones como guía en los campamentos de pioneros (organización infantil en la URSS), dos años viajaba con niños al Artek, centro de recreo para aquellos en Crimea, donde conocí a Irina Rodniná, famosa deportista soviética y entrenadora de patinaje artístico sobre hielo.  Apenas vine a Costa Rica quise saber si por acá había pioneros.  No los había, pero sí existían los scouts o exploradores, que son organizaciones similares. Cuando ya estaba trabajando como educadora, un día el director me pidió ayudar con la organización de una excursión escolar.  Carlos y yo nos entusiasmamos de una vez y en 1997 creamos en Grecia el grupo # 190 de scouts.  Nuestros mujercitas y varones andan juntos.  Voy con niños pequeños, de edades de los 7 a los 10 y medio años, donde Carlos va con los mayores.  En total, tenemos entre unos 60 o 70 niños repartidos en cuatro niveles por edad.  Con los pequeños, jugamos el cuento de R. Kipling “Mowgly”: yo soy Akela, otra guía es Bagheera y los niños son una manada de lobitos.  También aceptamos niños con necesidades especiales.  Una vez un niño invidente andaba con nosotros.  Y una de nuestras guías tiene el síndrome de Down.  Cada sábado hacemos reuniones para planear las siguientes caminatas; tenemos el campamento permanente Istarú, también vamos a excursiones por todo el país y hasta fuera de éste.  Hace poco fuimos a Guatemala.  En el 2007 fui elegida como Jefe Guía Nacional y de súbito, me tocó organizar la celebración del 100° aniversario del movimiento scout en Costa Rica!  Me han enviado a México para la Conferencia del Hemisferio.  También doy talleres y cursos.  En el Traspaso de Poderes hace poco, Carlos y yo presenciamos la ceremonia en el Estadio Nacional con un grupo de scouts.  Reconozco que ya estoy muy cansada, pero todavía sigo cargando con esa actividad.

-  ¿Cómo se acomodó su familia?

-  Nuestra familia ahora está compuesta por cinco personas,: mi madre, dos hijas , mi esposo y yo.  La hija menor, Victoria, nació en Costa Rica en 1988.  Es fotógrafa.  Y la mayor, Lolita, se graduó de psicóloga, ahora estamos tratando de equiparle la oficina.  Se casó y vive aparte, tiene un hijo de 10 años, nuestro amado nieto Mariano.

Pero, además de mi familia, todos mis familiares también se vinieron por acá.  Cuando en 1991 se desintegró la Unión Soviética, en todas las repúblicas comenzaron desórdenes sociales, y en Tayikistán se intensificó el crecimiento de nacionalismo, lo que llevó a la repulsa contra la gente rusa.  Nuestra familia sufría de insultos y maltratos.  Comenzó la desorganización y el hambre, los alimentos se repartían por tarjetas, al igual que en la guerra.  Le conté eso a Carlos y me contestó: traigámoslos a todos acá.  Toda la vida le estaré muy agradecida por este gesto.  En 1995 mis padres vendieron su casa, el apartamento, el carro, las alfombras, todo muy barato, realmente por unos cuantos cincos, así era la situación entonces.  Pero, ¡no era tan fácil hacerlo como decirlo, ya que eran 11 personas!  No nos alcanzaba el dinero para comprarles los boletos aéreos.  Y un día, por pura casualidad, Carlos coincidió con el Presidente de entonces José María Figueres, quien además era accionista de LACSA, y le contó que la situación en Tayikistán era muy tensa, que la vida de las personas estaba en peligro.  ¡Y Figueres nos regaló 11 pasajes de Cuba a Costa Rica!  Así se vinieron mis padres, mi hermano con su esposa y dos hijos, mi hermana con el esposo y dos hijos y además, la abuela de 88 años.  De una sola vez les dieron residencia permanente en el país.  Ahora ya todos se instalaron bien, mi hermana es profesora de francés y trabaja en el colegio, compraron una casa cerca de la nuestra. Mi hermano trabaja como guarda en un hotel en la playa y alquila una casa para su familia, y nuestra abuela murió a la edad de 95 años.  Mi padre también vivió hasta edad avanzada.  A todos mis familiares les gusta mucho vivir aquí.  “Aquí todo está cerca, todo el año el tiempo está caliente, - dice mi mamá. – Uno no tiene que hacer reservas de leña para el invierno”.  Como es costumbre rusa, ella prepara encurtidos de verduras y mermeladas de frutas, pero lo que le estoy más agradecida, es que ella le enseñó a hablar la lengua rusa a mis hijas y al nieto.  Todos los días les lee libros y cuenta cuentos.  Ella ya entiende muy bien el español, ve telenovelas y apunta las recetas de cocina.  Pero todavía no se decide a hablar mucho. 

-  Dilya, ya te queda poco para pensionarte.  ¿Qué vas a hacer después?

-  Descansar, viajar, hacer ejercicios en el gimnasio, pintar cuadros, pasear con los nietos.  También seguir trabajando con el sindicato, ya que hace poco me involucré en esa actividad.

-  Les deseo a ti y a tu gran familia todo lo mejor.  Y lo principal, una buena salud.  ¡Son unos héroes!







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