Газета русской общины в Коста-Рике - Periódico de la comunidad rusa en Costa Rica

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пятница, 12 июля 2013 г.

GAZETA 58. Junio - julio 2013. Artículo 4. MUSA RUSA


“Así me quedaría toda la noche escuchando y cantando, todo fue tan agradable y conmovedor, esperamos la otra ocasión con mucha impaciencia”.
Nina Vóronova

El segundo festival de artes “Musa Rusa” una vez más reunió bajo sus alas a todos los que atesoran la lengua y la canción rusa, quienes,  aunque estén lejos de sus raíces, siguen resguardando y multiplicándolas.  Los participantes pasaban de uno en uno el mismo pensamiento que unía a todos los presentes: “Los miles de kilómetros no nos separan de nuestra tierra materna.  Precisamente aquí, a la distancia, sentimos especialmente fuerte la unión con ella.  La conexión que se explica con nuestro nacimiento, los primeros pasos y la mentalidad, el multicolor de nuestra sangre rusa”.  Todo eso se “derramó” en poesías propias de los participantes y en sus canciones, así como también en las obras de poetas y compositores queridos e inolvidables de tiempos pasados.  Y por supuesto, el día 22 de junio, en el 72° aniversario del ataque de la Alemania nazi contra la Unión Soviética, era imprescindible entonar la canción más poderosa de la Gran Guerra Patria escrita en los primeros días de su comienzo por el poeta Lébedev Kumach y compositor Alexandrov.  La “Guerra Santa” sonó en una sola inspiración, interpretada por todos los artistas juntos con los espectadores, quienes asi rindieron el homenaje a todos los participaron de la Victoria.

Gran descubrimiento para los compatriotas fueron las presentaciones de Marina Golubovich, con sus poesías líricas increíblemente conmovedores, de Alexander Gusachenko quien ha revivido las canciones de juventud de una parte de los presentes,  de Evgeniy Dyachenko quien regaló a los espectadores sus reflexiones filosóficas, y de Yustin Skripachov quien se las ingenió para no sólo tocar el violín, sino también cantar y bailar. Al igual que en la fiesta anterior, nos alegraron con sus propias obras Artur Mitinian, Marta Rein, Sergey Krutko e Iryna Borovyk.  Lo mismo Elena Polster,  quien interpretó canciones populares de los años 50, y Alexander Lotarev, quien intervino con canciones de bardos conocidos, y que fueron acompañados cantando por toda la concurrencia.  Dmitri Ordansky amplió su repertorio considerablemente.  No sólo cantaba sino también intervino, junto con Marta Rein, en el rol del anfitrión hospitalario de una parte del apartamento moscovita donde tanto les gustaba a sus amigos reunirse para conversar sobre las noticias y desahogarse cantando sus canciones favoritas.  La cocina fue el centro de atención de los espectadores.  Aquí se entrevistaba, se cantaba, se recitaban  poesías y hasta se bailaba.  Un regalo verdadero fue la presencia en ese círculo íntimo de Gurgen Mkrtchán.  En un improvisado escenario, de repente aparecieron los niños Sofía Lótareva y Konrad Ordanski, con la canción final, y a ellos se les unió Ana Mitinián, lo que sin duda alguna, animó aún más la fiesta desencadenada.  Ni hablar sobre los bailes calientes por parte de Marta Rein.  Una adición maravillosa, igual de impresionante para los espectadores, resultaron los dibujos de Daniel Ruiz Golubovich, los retratos de compatriotas realizados por Natalia Dyachenko, las pinturas de Anna Torgánova.  Todo eso junto creó un ambiente extraordinario.  Como si no fueron espectadores y actores, sino una gran familia que se reunió en la casa… ¡como antes!

Y aquí está un comentario más de nuestra compatriota:
El corazón deseaba una Fiesta. No sólo un día libre y no una actividad formal. Una Fiesta. Que sea Rusa.  Sonó la puerta y esa entró con pasos firmes en un apartamento bien conocido de Moscú el 22 de junio.   Entró tentándonos ¿si todavía recordamos, si no la hemos olvidado en la agitación rutinaria?  Y la Memoria resultó persistente, los corazones latían en unísono, rindiendo homenaje al Gran Día de Dolor.  Y la Pena como de costumbre, se cambió en Tristeza, y la Tristeza dio paso a la Sonrisa y la Alegría.   La Fiesta no estaba sola.  Su dueña permanente, La Musa de las Musas, nuestra querida Marta, nos volvió locos con su “kadril” movida, nos atrajo con el multicolor del mercado.  La Fiesta tiene muchas caras.  Le abundan sorpresas.  Los profesionales de escenario y los novatos confundidos, poetas y artistas, pintores y músicos – su calidoscopio fue brillante.  La Guitarra hechizaba, las cucharas de madera secundaban su amplitud y audacia, el Violín cantaba solo, y la Voz no necesitaba micrófonos.  Y la Cocina, donde todo es tan simple y hasta abrumador, está esperando al próximo encuentro.  El té está humeante y la botellita empañada están quietos esperando visitas…”   Olga Skvortsova
  
Sólo nos queda expresar la esperanza que cada festival que sigue, nos abrirá nuevos y más talentos.
 
    Iryna Borovyk



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