Газета русской общины в Коста-Рике - Periódico de la comunidad rusa en Costa Rica

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среда, 29 января 2014 г.

GAZETA 64. Enero 2014. Artículo 5. PERSONAJE DEL MES. Lubov Ivánovna Slésareva, la primera rusa en Guanacaste


Lubov Slesareva – moscovita de nacimiento, egresada del Instituto Musical Pedagógico Gnesiny, vino a Costa Rica con su esposo costarricense en 1972 y al año siguiente, se instaló en Guanacaste.  “En aquellos años, fui la primera persona rusa allá.  Entonces, las calles en la ciudad de Liberia eran de lastre, había mucho polvo, todos andaban en chancletas, había sólo dos cines, y en las casas nadie tenía televisores. El ambiente era muy tranquilo y podía salir sin cerrar la puerta con llave.  Ahora no se puede hacerlo ni por cinco minutos!”

-  Luba, ¿usted fue primera mujer rusa en Guanacaste? ¿En qué año vino a Costa Rica?

- Venimos por primera vez en el 1972.  Mi esposo Gabriel es egresado de la Universidad de Amistad de los Pueblos de Moscú, agrónomo.  No quería irme de Moscú, y Gabriel también quería quedarse allá, pero le dijeron claramente que no podría encontrar trabajo en la Unión Soviética.  Al principio nos instalamos en San José, pero después lo mandaron a trabajar a Guanacaste y tuvimos que mudarnos.   En aquellos años, en Liberia no había ni calles asfaltadas, mucho polvo, todos andaban en chancletas, pero el ambiente era muy seguro: dejaba la casa con la puerta abierta y la hija se quedaba sola leyendo libros tranquilamente mientras mi esposo y yo andábamos en el cine.  Si le hubiera pasado algo, estábamos tranquilos: los vecinos siempre la cuidaban.  En nuestra calle, ¡nadie tenía televisores, y en la ciudad sólo había dos cines!  En la ducha, uno sólo podía bañarse con agua fría.  Los domingos, en el parque frente a la iglesia, tocaba una orquesta de vientos.  Como puede comprender, después de Moscú, eso fue un rincón perdido… Cuando llegamos, ¡casi me muero de tanto calor!  Pero después con el tiempo, me acostumbré, hicimos nuevos amigos, y comencé a trabajar.  Y en este momento siento que Costa Rica es mi patria, y en Liberia la gente dice que ¡desde hace tiempo me he ganado el pasaporte guanacasteco!  Ahora me gusta mucho el clima de aquí: es seco, caliente, hay mucha sol, y ayuda muy bien para la salud.

- ¿Usted tiene problemas de salud?

- Hasta la edad de 12 años, todas las enfermedades me atacaban: siempre estaba con inflamaciones, tenía problemas en los pulmones, los riñones, los oídos.  Nací en el año 1945, cuando terminó la guerra.  A la edad de 3 meses por poco me muero de hambre, a la edad de 2 años caí en el hospital con una inflamación de pulmones lo que después se complicó con una neumonía y me dejó cicatrices en los mismos ¡las que  hasta ahora se ven en las radiografías!  Después tuve problemas con los oídos y, con 9 años, una otitis me dejó totalmente sorda por un mes.  ¡Nunca olvidaré las 90 inyecciones de penicilina!  Y en ese entonces, ya estudiaba música en la escuela.  Después, recuperé  la audición poco a poco y la música me ayudó a sanarme, y en la pubertad comencé a ganar fuerza.  Vivía con mis padres, aunque estaban divorciados desde antes de la guerra.  En aquellos años, el problema de vivienda era muy difícil.  Y a los 15 años, supe que no era hija biológica ya que mi mamá me adoptó porque no podía tener hijos.  Después me contó lo que le costó a alimentar a la  bebé recién nacida con agua de avena, ya que no tenía leche materna…. por lo tanto y de alguna manera, soy un  milagro de la naturaleza.

- ¿En Moscú, dónde vivía y estudiaba usted?

- De pequeña, vivíamos en un apartamento comunal, con muchos vecinos, dentro de una mansión antigua del magnate Savva Morozov, cerca de la Puerta de Pokrov; de nuestra ventana se veía el Kremlin y se oía el sonido de sus campanas.  En 1960 nos desalojaron y nos dieron un apartamento separado, y en aquel edificio hicieron un jardín de niños.  Años más tarde, cuando visité Moscú en el 2006, quería entrar a mi vieja casa ¡pero no me dejaron pasar más allá del portón aduciendo que era “propiedad privada!”  A pesar de mi mala salud, fui excelente estudiante.  Sabía leer desde los cuatro años y me gustaban todas las materias en la escuela.  Desde 3er grado comencé a estudiar en la Escuela Musical # 1 Prokofiev, al principio en clase de piano y después, del bayán (un tipo ruso de acordeón) ya que por culpa de mi enfermedad y la interrupción forzada, tuve que cambiar de instrumento.  Me gradué de esa escuela y después entré al Colegio Musical Pedagógico de la Guardia Roja, a la clase de bayán, y desde el segundo año, cuando apenas tenía 16 años, por insistencia de la directora Frida Vinográdova, comencé a trabajar como profesora en la misma escuela musical donde recién había terminado.  ¡Tuve que cortar mis trenzas y transformarme en educadora!  Cuando llegó la hora de comenzar la universidad, tenía un dilema: estudiar filología o música, y siempre elegí la música porque era más difícil.  Siempre me gusta superar las dificultades, ¡así es mi carácter!  Después de graduarme del colegio entré al Instituto Estatal Pedagógico Musical Gnesiny, al departamento nocturno (ya que estaba trabajando), en la facultad de instrumentos populares.  Conocí a mi futuro esposo en el primer curso, nos casamos y en el 1967 nació nuestra hija mayor, Gabriela.  Mi especialización es la enseñanza de música y me gradué un año antes de venirnos a Costa Rica; el tema de mi diploma fue “Acordeón en América Latina”.  Y para el momento de llegar a Costa Rica, ¡ya tenía 11 años de experiencia docente!

- Para un educador, el idioma es muy importante, ¿cómo ha superado esa barrera?

- El último año en Moscú, me matriculé en un curso de 2 años del idioma español, pero debido a nuestra partida, no lo terminé.  Aun así, me ayudó al principio.  Al llegar a Costa Rica, los amigos de mi esposo me introdujeron al asunto muy rápido, nos comunicábamos mucho y comencé a expresarme en español.  Había problemas a la hora de reconocer mi título ya que aquí nadie tenía idea en aquel entonces, qué tipo de universidad era el “Instituto Estatal Pedagógico Musical Gnesiny” y había que comprobar que era una institución de educación superior.  En eso me ayudaron los funcionarios de la Embajada Soviética.  Después de mí, para otros egresados de esta institución, ya les fue más fácil el tramitar los documentos.  En agosto comencé a laborar en el Conservatorio Castella, que en aquellos años estaba ubicado cerca de La Sabana, impartiendo clases de acordeón.  Fue la única vez que trabajé en Costa Rica casi en mi especialidad (ya que soy bayanista).  En setiembre, a mi esposo le ofrecieron un trabajo como agrónomo en Liberia con la agencia del Banco Anglo Costarricense que se estaba abriendo en ese entonces, y tuvo que irse, dejándome a mí seguir trabajando como profesora en el Castella.  Pero debido a un accidente (para acortar camino, atravesé La Sabana donde pisé una tabla con un clavo y me hice una gran herida en el pie), tuve que dejar el trabajo por un tiempo.  Más tarde, ya en 1973, trabajé un mes en el Colegio Vargas Calvo en San Pedro de Montes de Oca, y en abril me ofrecieron plaza de profesora en uno de los colegios de Guanacaste, a donde me trasladé de inmediato para estar con mi esposo.  En Guanacaste al principio no había rusos y tuve que trabajar en la ciudad de Filadelfia, a unos 40 kms de Liberia.  Me acuerdo de muchas situaciones cómicas por culpa de los malentendidos en el idioma, pero eso no me decepcionó, al contrario, me incentivó a estudiar a más profundidad este idioma bello de español.

Pero después tuve que regresar a Moscú ya que nuestra hija se había quedado con mi madre.  Esta  temía que en los primeros días, tuviésemos  dificultades de adaptación y el trabajo, y de ninguna manera estuvo de acuerdo  en darme el permiso para salir, a menos que dejase la niña con ella.  Así mi hija mayor Gabriela vivió con su abuela en Moscú casi hasta la edad de 7 años.  Cuando fui por ella, tenía miedo de ir en avión y decidí a viajar por mar y después llegar a Moscú por tren.  En el barco tuve que comunicarme con gente de casi todos los países de América Latina. Estoy especialmente agradecida con una muchacha de Colombia; fue profesora de español en la Universidad de Barranquilla y durante las dos semanas que duró nuestro viaje, me corregía cada expresión incorrecta y después, ya por correo, siguió enviándome sus correcciones.  Viví en Moscú casi un año debido a la lentitud en los  trámites de aquella época  para lograr el permiso de salida para mi hija, y me matriculé allá en un curso de español donde hice dos semestres con énfasis en gramática.  Al mismo tiempo, una amiga mía española me metió a trabajar en la editorial “Progress” y todos los días tenía que leer textos en español mientras otra compañera corregía los errores.  Durante todo ese tiempo estuve soñando con regresar a Costa Rica, ya me enamoré de la belleza de su naturaleza, de la cercanía al mar y su clima excelente.  Cuando al fin mi hija y yo regresamos por acá, ya no tenía más problemas con el idioma.

- ¿Y su mamá se quedó en Rusia sola?

- Sí, sentía mucha pena por ella, pero siempre estábamos cuidándola mucho.  Aún antes de nuestra primera partida, habíamos tramitado una pensión a nombre de nuestra hija, por medio de la “Inyurcolegia”, ya que su pensión no era suficiente para ambas.  Le mandamos dólares y mi mamá pudo gastarlos en las tiendas de divisas extranjeras “Beriozka”.  Cuando mi hija se vino conmigo a Costa Rica, esa pensión siguió llegándole, pero ya a su nombre.  A propósito, nuestra solicitud de la pensión en la “Inyurcolegia” fue registrada como el “Expediente Costa Rica # 1”.  ¡No sé a qué momento apareció el “Expediente # 2”!  Así que en total, ella siempre estaba bien segura.  Después vino varias veces a Costa Rica para visitarnos y la última vez, se quedó con nosotros debido a sus condiciones de salud.  Murió a la edad de 84 años y fue sepultada en Liberia.  Su nombre era Claudia Zakhárovna Slésareva, nacida en 1911 en Moscú, cerca de la Terminal de Kursk, en una familia numerosa de un mecánico,  ya que su padre conducía trenes.  Después de la Revolución, tuvo que comenzar a trabajar desde muy joven, y toda su vida se destacó por ser muy trabajadora.  Durante la guerra, mi mamá participó con una columna militar médica y llegó de primero a Polonia y después a Berlín.  Cuando regresó a Moscú al principio del año 1945, le ofrecieron en adopción una bebé de un mes de nacida, y ahí comenzó su nueva etapa de la vida, ya como madre.  Fue una mujer muy buena y sabia, madre y abuela amorosa, pero al mismo tiempo bastante estricta.  Le tocó una bebé muy enfermiza, pero logró ponerla en el buen camino.  Tuvo que lidiar muchas veces con el carácter rebelde de su hija y después de sus nietas, pero todas las dificultades se quedaron atrás.  Gracias a ella, mis dos hijas dominan la lengua rusa a la perfección y mi esposo tampoco la olvida.  ¡Qué descanse en paz!

- ¡Con más de 40 años de vivir en Costa Rica,  cómo ha sido su vida? 

- Después de mi llegada ya definitiva, me coloqué de profesora en la ciudad de Cañas, a unos 45 kms de Liberia y me compré un carrito.  ¡Pero las desgracias me perseguían!  En 1975, fui manejando a San José para asistir al Congreso de ANDE y sufrí un accidente; probablemente me dormí al volante porque el carro cayó a la cuneta y se estrelló contra el talud de tierra.  Sufrí muchas fracturas y grandes cortaduras en la cara (todavía tengo cicatrices)  y pasé hospitalizada 1 mes y luego incapacitada durante 7 meses.  Cuando me recuperé, entré a trabajar a la Escuela Laboratorio de la Universidad de Costa Rica en la ciudad de Liberia donde estuve laborando por muchos años y donde también arreglé que mi hija mayor entrase a estudiar allá.  Tuve que cambiar de especialidad y de las clases de bayán pasar a ser profesora de música.  En 1976 me invitaron a trabajar en la Universidad Nacional para enseñar a futuros profesores de música ya que tengo excelentes conocimientos y una gran práctica docente porque siempre me ha gustado enseñar.  Así que durante dos años, trabajé en dos lugares simultáneamente, en la escuela (después, colegio) y en la universidad. 

En 1981, por insistencia de Gabriela, tuvimos una segunda hija, Patricia; ¡entre ellas hay una diferencia de 14 años!  Cuando la menor cumplió dos años, la mayor se fue a estudiar a San José.  Después cerraron la sede de la UNA en Liberia pero tuve suerte y pronto pasé a trabajar en la UCR.  Daba clases, llevaba el trabajo científico en el área del folklor musical de Guanacaste, recolecté material sobre un reconocido compositor nativo de Guanacaste, Hector Zúñiga, y como resultado, se publicó un libro y un casete con la grabación de sus canciones interpretadas por el autor; además  participé en la organización -por parte de la Escuela de Música de la UCR- de una escuela musical, donde fui directora por un tiempo.  Y en los últimos años me nombraron coordinadora del Departamento de Acción Social, el que organiza actividades de acercamiento entre la Universidad y la comunidad de la Provincia en el campo de educación y cultura.  En el año 1993 organicé un grupo de instrumentos típicos guanacastecos y participamos en diferentes concursos, inclusive llegamos al Festival “Raíces” que organizó la Radio Nacional.

Mi esposo trabajaba en el Banco Anglo Costarricense como perito de tierras y propiedades, pero en 1994 este banco fue cerrado por lo que se quedó sin empleo.  Nos salvamos gracias a que ya teníamos casa propia y nada de deudas, pero durante varios meses estuvimos en una situación muy difícil y vivíamos sólo de mi salario de profesora.  Tramitamos una pequeña pensión para mi esposo y más tarde, el banco le dio, como compensación, una finca que pertenecía al Instituto de Desarrollo Agrario.  Después Gabriel comenzó a tener algunos encargos de trabajo de otros bancos y también trabajar en el sistema judicial, siempre como perito de propiedades.  En el año 1994 me pensioné y desde aquel tiempo ayudo a mi esposo en su trabajo.  Nuestras hijas ahora viven en San José, la mayor es ingeniera, se graduó de la UCR y después hizo el postgrado en los Estados Unidos, ahora es directora de la Escuela de Informática de la UCR; y la hija menor es artista; tienen dos hijos cada una.

   Vivimos muy felices mi esposo y yo en nuestra cómoda casa vieja, tenemos tres perros.  Bueno, la salud a veces falla pero ya no hay nada que podamos hacer.  ¡Pero no me desanimo!  Cuando estamos bien de salud, vamos a San José a visitar a nuestras hijas y nietos y cuando tengo la oportunidad, trato de no perder las actividades culturales de nuestra comunidad rusa.  

 Luba y Gabriel

 Luba con esposo e hija Gabriela

 Luba con sus estudiantes de la Escuela Laboratorio

 Moscú, mamá de Lubov con su nieta y otros niños

Primer grupo de música típica - rondalla, Liberia


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